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29 de junio de 2016

Bud Spencer, el coloso de los mamporros

La noticia del fallecimiento de Bud Spencer a los 86 años, cuyo nombre real era Carlo Pedersoli, me produce una infinita tristeza. Se marcha un icono de mi infancia, un superhéroe de carne y hueso, la persona que mejor ha repartido hostias con la mano abierta, el inventor del puñetazo vertical, ese golpe que impacta con el puño de plano en la cabeza del adversario, una presencia carismática en pantalla y, sobre todo, una de las personas que a través de sus películas me enseñó a amar el cine.

Sí, tal afirmación puede resultar sorprendente, algún crítico purista, de esos que saben tanto que parece que escriben para sí mismos, me llamará loco pero, para los ojos de un niño de los mitificados años ochenta, asomarse a una película protagonizada por el tándem Bud Spencer – Terence Hill resultaba mucho más atractivo que ver cualquier clásico de la historia del cine.


Así me acerqué al séptimo arte. Primero fue Chaplin, después las películas de Los Hermanos Marx, a los que no debemos dejar de reivindicar, Leone entre medias, y las aventuras de Spencer y Hill, o de Spencer y de Hill por separado, aunque cuando no actuaban juntos se echaba mucho de menos a la otra mitad, siempre esperabas que el otro apareciese en cualquier momento.


Las alocadas películas de este dúo despertaron mi interés por el cine. Se trató del primer paso para descubrir un medio de expresión sin el que hoy día mi vida sería diferente, no sé si mejor o peor, pero completamente distinta. Porque lo mismo que uno no se adentra en la literatura leyendo a Joyce o a Pessoa, tampoco lo hace en el cine viendo las obras de Eisenstein, Ozu o Kubrick. Eso viene después y se disfruta con la madurez, cuando uno posee el bagaje suficiente para saborear las joyas que alumbraron estos autores.

Mi cabeza guarda algunas simpáticas anécdotas relacionadas con Bud Spencer, y Terence Hill, cómo no, que por cierto se llama Mario Girotti. Una de ellas nos lleva a cualquier día del calendario escolar de 1987, o 1988, uno de esos días en los que tocaba excursión y viajábamos en autobús hasta parajes remotos como Castala o el Arroyo de Celín para pasar la jornada en plena naturaleza.
En el viaje de vuelta el chófer nos dijo que iba a poner una película. (Espero que la SGAE no tome medidas retroactivas por estos hechos). En aquella tele de pantalla curva del autocar empezó a emitirse una película de Spencer y Hill, no recuerdo cual, eso no importa. De repente, todos los niños estábamos dando saltos y riéndonos a carcajadas con la orgía de tortazos y mamporros en aquellas disparatadas escenas en las que nuestra pareja favorita vencía a sorpasso limpio, perdón, sopapo, a los malos. Fue lo mejor de la excursión.

La otra anécdota la viví en Italia. En 1993 tal vez. Estaba en Roma en una especie de viaje de estudios. Uno de los primeros días almorzamos en una acogedora pizzería. Se me ocurrió hacer una gracia y le pregunté a la camarera si Bud Spencer y Terence Hill eran italianos. Mis compañeros de mesa alucinaron con la ocurrencia y rotundamente coincidieron en que había perdido la cabeza. “Hombre, son americanos, está claro”, sentenció uno de ellos. La camarera se ve que no era muy cinéfila, no me sacó de dudas, pero le arranqué una sonrisa y eso para mí fue suficiente.

Ahora recuerdo otra anécdota, de uno de esos largos días de invierno en los que a las cinco de la tarde es de noche. Mi padre me mandó al video club, cómo los añoro, para alquilar una película que nos amenizase la fría tarde. Tendría 10 años como mucho. Se fio de mi criterio. Volví a casa con ‘Pegafuerte’ (1978), una de tantas protagonizada por Bud Spencer cuyo argumento daba lo mismo, la clave es que hubiera mamporros, y los había.
Mi padre se mosqueó un poco. No le vio mucho potencial artístico a ‘Pegafuerte’, hubiese preferido algún éxito del momento tipo ‘Rambo’ o ‘Desaparecido en combate’, pero al final cedió y aquella tarde que hubiese pasado al olvido infinito, como pasan la mayoría de las tardes de nuestra vida, la estoy rememorando hoy aquí, al recordar al bueno de Bud, porque en cierto modo me hizo pasar un rato muy agradable con mi padre.

Podría resumir la biografía y trayectoria de Carlo Pedersoli pero a estas alturas no tiene sentido. Ya se ha contado mil veces que fue un nadador destacado, con varios Juegos Olímpicos en sus anchas espaldas, trabajador de embajadas, licenciado en Derecho y Sociología, fundó una compañía aérea, cantante, compositor…, y decenas de cosas más.

Luego llegó el cine. Al inicio con anecdóticas apariciones todavía como Carlo Pedersoli, una de ellas en ‘Quo Vadis’ (1951), hasta que coprotagonizó ‘Tú perdonas…, yo no’ (1967), un estupendo spaghetti western de Giuseppe Colizzi rodado parcialmente en España, y en Almería, en el que ya estableció pareja hasta la eternidad con Terence Hill. Entonces Carlo, como era habitual en aquel tiempo, ‘americanizó’ su nombre y escogió el de Bud Spencer, en honor a su cerveza favorita, la Budweiser, y su actor preferido, Spencer Tracy.

El dúo se consolidó en el western con ‘Los cuatro Truhanes’ (1968), al lado de Eli Wallach, y ‘La colina de las botas’ (1969), ambas de Giuseppe Colizzi y que junto con ‘Tú perdonas…, yo no’ conforman una trilogía muy respetada dentro del western europeo.

La química con su compañero de mil batallas fue sencillamente brutal. Hill, delgado y atractivo, ágil y pícaro, se mezclaba a la perfección con Bud, grande y fuerte, bruto y cándido. Emergieron como pareja en una especie de transposición latina y socarrona de ‘El gordo y el flaco’, los de toda la vida, los célebres Laurel y Hardy. En esa idea radicó su esencia.


Con ‘Le llamaban Trinidad’ (1970) se desató la locura. Fue un éxito enorme. De las películas más taquilleras de la historia del cine italiano y español, aunque con ella se escribieron los últimos capítulos del spaghetti western. La parodia llegó al extremo y se agotó la paciencia del espectador.


Pero si tengo que destacar un título de este par, me quedo sin duda con ‘…Y si no, nos enfadamos’ (1974), de Macello Fondato. Tal vez la más surrealista de sus películas, la más divertida y la más sinsentido. Coproducción italo-española con rodaje en Madrid, la delirante propuesta se advierte nada más repasar el reparto, con Donald Pleasence, Manuel de Blas o Emilio Laguna.


‘…Y si no, nos enfadamos’ reúne un puñado de escenas inolvidables e inclasificables. El duelo de comer salchichas por el que se juegan el mini bólido por el que compiten Bud y Terence, la persecución en moto, la pelea en el restaurante, la singular canción de la película y, por supuesto, la secuencia del coro con el famoso “lalalalalalalalalalalala” y Bud Spencer haciendo pedorretas mientras ambos sortean a un francotirador (Manuel de Blas) y Emilio Laguna, director del coro, rompe batutas hasta perder los nervios.

Bud Spencer nos ha dejado y el destino ha querido que mientras se marchaba, su inseparable Terence se encontrara en Almería, la tierra que los vio nacer como pareja fílmica, tal vez para localizar un futuro proyecto. No sé si esta circunstancia ofrece alguna lectura, pero no deja de ser una caprichosa casualidad. 

Lo que ya no se podrá hacer nunca es que ambos regresen para recibir un gran homenaje al lugar que los vio nacer. Hubiese sido genial, nos quedamos con esa espinita.

Como constatación de su calado sociológico queda el divertido anuncio de Bancaja de hace unos años, en el que Bud, enfadado, va repartiendo las distintas clases de mamporros de su repertorio a diestro y siniestro, con el personal choque de cabezas, el ‘fatality’ de sus golpes. Sin olvidar el celebritie que le dedicó Joaquín Reyes en Muchachada Nui: “Que no pase un día sin que deis una hostia, porque hostia que no se da, hostia que se pierde”.


Bud Spencer constituye una de las cimas del cine popular, un actor que ha calado en varias generaciones de cinéfilos de todo el mundo. Un emblema del entretenimiento en pantalla grande. Un símbolo que siempre permanecerá vivo en nuestro recuerdo con su tupida barba y sus grandes manos sentando cátedra. Un gigante bondadoso al que nos referimos como a uno mas de nuestra familia. Un coloso de los mamporros.


Giuseppe Pedersoli comunicó la muerte de su padre. Confirmó que no sufrió y que murió en compañía de su familia. Su última palabra fue “gracias”. Un digno adiós para alguien que nos ha hecho pasar muy buenos momentos, para una figura que alcanzó la universalidad traspasando fronteras y culturas. Para un hombre que se ganó la inmortalidad en un rincón privilegiado de nuestra memoria. Gracias Bud por haber hecho de este mundo un lugar más divertido.



Obituario escrito por el periodista y escritor almeriense Juan Gabriel García para ALMERIACINE y ADIOSGRINGO
Juan Gabriel García es miembro de Almeriacine. 

12 de marzo de 2015

Diez años sin José Galera, 'El Habichuela'

Si existió en Almería una persona que representó el sueño de toda una ciudad por el cine ese fue José Galera Balazote; si existe aún un personaje que nos rememora aquella época dorada en la que se vivió tal desfile de estrellas, ese es "El Habichuela". Uno y otro son el mismo. 
Este doce de marzo se cumplen diez años de su fallecimiento y José Galera, Pepe 'el Habichuela', sigue siendo el figurante por excelencia, el ejemplo extremo de cómo vivieron las gentes de Almería aquella extraordinaria historia con el mundo del celuloide.


"Era un hombre muy simpático que estaba siempre en la mayoría de los rodajes de las películas del Oeste. Se hizo muy amigo de casi todos los productores y los jefes de producción españoles e italianos, no paró de trabajar en todas las películas. Era una persona muy especial, lo recuerdo con mucho afecto, un hombre muy callado que a la hora de estar con los compañeros se mostraba muy amable, divertido y creaba muy buen ambiente entre todos durante el rodaje. Lo veías merodear por el Gran Hotel y por cualquier lugar por el que estuviesen cerca los que hacíamos cine. Todo el mundo le quería. (Sancho Gracia, actor. Declaraciones en 'El Habichuela' Una vida de cine en Almería', de J.G.García)
Con Dean Reed en 'Adiós, Sabata' (1970)


Desde repartir agua en los sets de rodaje hasta pequeños papeles de bulto o intervenciones con frase pasando por el simple cometido de vigilar las caravanas. Donde había un rodaje estaba 'El Habichuela' y era feliz. 
Su aspecto físico, que provocaba que unos se metieran con él y otros lo defendieran, y su simpatía le hicieron granjearse la amistad de grandes como Terence Hill, Giuliano Gemma, Anthony Queen o Yul Brynner, con el que hizo quizás el mejor papel de su peculiar carrera en 'Indio Black'. Pepe presumía de su amistad con Brigitte Bardot hasta el final de sus días.

'Los cuatro de Fort Apache' (1973), junto a Alfredo Mayo

Pepe 'El Habichuela' trabajó delante o detrás de las cámaras en infinidad de western en pleno apogeo del género en Almería, pero también lo identificamos por ejemplo en unas escenas del título 'almeriense' de la saga Bond -'Nunca digas nunca jamás'-. Durante cuarenta años trabajó en producciones de todo tipo. Para muchos profesionales era una especie de talismán que transmitía ilusión a todo el equipo.


"Sí se ganaba dinero...Había días en los que me daban hasta quinientas pesetas...Pero para mí el dinero era lo de menos; ¿y la fama? ¿Y el codearte con los mejores artistas del mundo? (Suplemento 'Queridos diferentes' de La Voz de Almería, verano de 2000.)

Y vivió su historia con tal intensidad, que realidad y ficción se fundieron en una sola cosa y Pepe 'El Habichuela' interpretó su papel durante las 24 horas del día. Aquel sheriff en bicicleta por el Paseo de Almería era una estampa conocida por todos, igual que sus andanzas como hombre anuncio vestido de vaquero, sus días dorados como sheriff de un incipiente poblado Minihollywood o las últimas imágenes de José Galera en la residencia religiosa en la que pasó sus últimos años, con la salud muy mermada pero sin renunciar nunca a ir ataviado de lo que le había llenado la vida.
Hoy, José Galera Balazote, 'El Habichuela', es el símbolo de una época y, como tal, la Casa del Cine le rinde homenaje con las únicas piezas verdaderas de toda su exposición: su chaleco, sus pistolas, su inseparable estrella de sheriff, donadas por el jefe de producción José Salcedo y su esposa, Alicia, que fueron durante los últimos años su verdadera familia.
El Ayuntamiento de Almería puso su nombre a una calle en el barrio de El Alquián, pero como en el caso de la calle Sergio Leone, el lugar elegido no parece el más apropiado cuando se trata de homenajear a alguien tan cercano y tan representativo de nuestra tierra.

Casa del Cine de Almería

El periodista y escritor Juan Gabriel García escribió en 2007 "'El Habichuela'. Una vida de cine en Almería" (La Voz de Almería), una obra imprescindible para conocer a este emblema del cine almeriense y recorrer a través de declaraciones de grandes actores y directores sus vivencias con él, paralelas a la historia de cuatro décadas de cine en Almería.


Sus amigos José Salcedo y Alicia López hicieron esculpir este epitafio en su tumba: "Quisiste tocar el cielo como actor, hoy te aplauden las estrellas".

Entrevista en Antena 3.
                                         

Su mejor papel, en 'Indio Black' o 'Adiós, Sabata'


                                         


12 de diciembre de 2012

"Amarilla. El futbolista que quiso ser actor"





"Amarilla: el futbolista que quiso ser actor" narra la trayectoria profesional y las reflexiones del paraguayo Florencio Amarilla Lacasa, un hombre que destacó en dos campos tan apasionantes como el fútbol y el cine.
Como futbolista disputó con Paraguay el Mundial de Suecia de 1958, consiguiendo dos goles, y que le sirvió como escaparate para jugar en la 1ª División española en el Real Oviedo y en el Elche.
En la temporada 67-68 fichó por el C.D. Almería, donde se retiró y estableció definitivamente su residencia. Más tarde comenzó una intensa carrera como entrenador que le llevó a dirigir a los principales clubes de la provincia.








Por casualidad el cine se cruzó en su camino y encontró su segunda vocación. Trabajó como figurante y actor de reparto en numerosas películas que se rodaron en escenarios almerienses, algunas tan importantes como '100 rifles', 'Shalako', 'El Cóndor', 'Patton', 'Sol rojo' o 'Conan, el bárbaro'.
El autor le rinde un homenaje como personaje irrepetible que ha cristalizado todos los sueños de su niñez, para dar a conocer su vida, ya que supone descubrir al mismo tiempo parte de la historia más reciente y brillante de la provincia de Almería. (Juan Gabriel Garcia, www.juangabrielgarcia.com )



Florencio Amarilla falleció en agosto de 2012 en Almería, tierra que le acogió y en la que vivió gran parte de una vida marcada por sus dos grandes pasiones.
Sirva este momento como sentido homenaje también a otras grandes figuras que nos han dejado en este 2012, un año marcado por la pérdida de numerosos artistas fuertemente relacionados con la historia del cine rodado en Almería: Juan Luis Galiardo, Sancho Gracia, Joaquín Luís Romero Marchent, Ernest Borgnine, César Fernández Ardavín y Tony Leblanc. Descansen en paz.






7 de enero de 2012

"Los españoles del western", mejor libro de cine 2011

Los españoles del western, de Juan Gabriel García, premiado como Mejor Libro de Cine por ASECAN.

Los españoles del western, de Juan Gabriel García (editorial Círculo Rojo) ha sido distinguido como Mejor Libro de Cine de 2011 en los Premios ASECAN (Asociación de Escritores Cinematográficos de Andalucía). 

            ASECAN apunta que “Juan Gabriel García (Almería, 1979) plantea su libro Los españoles delwestern como un homenaje y una reivindicación de los directores, los intérpretes, los técnicos y los paisajes españoles vinculados con este género tan cinematográfico y tan ligado además a la geografía almeriense. El autor, que a pesar de su juventud tiene una amplia experiencia como periodista, crítico e investigador cinematográfico, recoge en este libro una serie de entrevistas con personajes de todos los ámbitos del cine, como por ejemplo los actores Álvaro de Luna y Pilar Velázquez, los directores Joaquín Luis Romero Marchent y Eugenio Martín y el productor José Frade”.
            Los españoles del western se presentó en la edición de 2010 del Festival Internacional ‘Almería en corto’. En este trabajo, con prólogo del cineasta Enzo G. Castellari, Juan Gabriel García mantiene una serie de entrevistas con veintiún hombres y mujeres de cine que, a través de una amena y apasionada conversación, abren su corazón para recordar su oficio y otros muchos aspectos sobre sus experiencias en el séptimo arte.
            La relación de personajes entrevistados en este libro la integran dos directores, Joaquín Luis Romero Marchent y Eugenio Martín; un productor, José Frade; un director de producción, José Salcedo; una script, Margarita Pardo; dos directores artísticos, José Luis Galicia y Gumersindo Andrés (también diseñador de vestuario); un ambientador, Julián Mateos; un operador de cámara, Ricardo García Navarrete; un especialista, Miguel Pedregosa; un responsable de efectos especiales, Juan Ramón Molina; un montador, Alfonso Santacana; un maquetista, Emilio Ruiz; un extra, José Galera Balazote, más conocido como Pepe ‘El Habichuela’, y siete actores: María Silva, Aldo Sambrell, Álvaro de Luna, Eduardo Fajardo, José Sancho, Simón Andreu y Pilar Velázquez.
            Juan Gabriel García explica que “este reconocimiento constata la reivindicación por parte de la crítica y los investigadores de la importancia del western europeo en el ámbito social y cultural de este género cinematográfico que popularizó Almería en todo el mundo. Este libro homenajea a todos aquellos que nos hicieron ver y soñar que el salvaje Oeste no se encontraba tan lejos de nuestra casa”.

Foto: Fco. Bonilla/Almería en corto
Juan Gabriel García
           
            Los españoles del western (2010) es el tercer libro de Juan Gabriel García tras El Habichuela, una vida de cine en Almería (2007) y Amarilla: el futbolista que quiso ser actor (2008), ambos editados por La Voz de Almería. Recientemente se presentó el número 10 de la colección Guías de Almería, Territorio, Cultura y Arte, dedicado al Cine y que ha contado con la coordinación de Juan Gabriel García. La guía Cine, editada por el Instituto de Estudios Almerienses, se presentó en la X edición de Almería en corto cuya gala de inauguración también presentó Juan Gabriel García y ha sido premiada por el gremio de libreros almerienses como Mejor Libro de Ensayo de 2011.
            Juan Gabriel García es Licenciado en Comunicación Audiovisual y Máster Oficial en Comunicación Social. Desde el año 2003 trabaja en la Cadena SER y La Voz de Almería. Por su labor periodística y en el campo de la investigación cinematográfica recibió en 2007 el Premio Arte y Creación Joven en la modalidad de Medios de Comunicación que entrega el Instituto Andaluz de la Juventud. 

NOTA DE PRENSA.